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...no es porque las cosas son difìciles, que no nos atrevemos, es porque no nos atrevemos, que las cosas son difìciles.

 

Fuera del perro, probablemente, el libro sea el mejor amigo

del hombre, y dentro del perro, probablemente, està muy

oscuro para leer.(Mark Trawin)

 

YO TRANQUILO

Yo tranquilo, serenamente plantado ante la Naturaleza,
amo de todo o señora de todo, sereno en medio de las cosas irracionales.
Imbuido como ellas, pasivo, receptivo y silencioso como ellas,
conocedor de que mi ocupación, mi pobreza, mi notoriedad y mis debilidades

 son menos importantes de cuanto creía…

Yo, dondequiera que viva mi vida, quiero hacer frente a las contingencias
y encarar la noche, las tormentas, el hambre, el ridículo, los accidentes y los rechazos …

 

 

La varita de membrillo

 Mi padre había plantado los árboles frutales que cubrían todo el patio.

Perales, ciruelos, manzaneros, limoneros, naranjos, durazneros, mandarinos...y el membrillo. (¿o se dirá”membrillero”?) Al salir al patio, salvo si lo hacías mirando al suelo, lo veías siempre.

Desde mi despreocupada infancia, me llega imponente, esquelético, orgulloso. Ramas. Solo ramas, recortándose hermosas, destacándose en la escenografía “del fondo, en su entorno y en mi memoria, como si fuese un duraznero, en eterna espera de la primavera.

Algunas veces me brotan amaneceres majestuosos, magnificados, tal vez, por la distancia.

El sol perezoso, asomando por el monte, entre los eucaliptos, y la mágica descomposición de su luz, producida por la humedad del follaje, despertando las ramas una a una, y éstas desperezándose luminosas de rocío, bajo el amparo de la poblada y alegre palmera canora. Otra veces, son las noches, las que me ganan la memoria.

Luna llena, inmensa. Espectral, el paisaje.

La silueta negra del membrillo, desafíando la grandiosidad del astro, y al elevarse, el blanco disco, se me antoja que es el árbol, el que se mueve.

Una vez,”veo”que de la higuera vecina al membrillo, emerge un hombre, no tiene cara de malo, pero, es terrorífico, por que “salió de la higuera”.En verdad lo que impresiona es que, el árbol se recorta en su larga túnica blanca, que a pesar de la distancia, veo sus faciones, como si estuviera a mi lado.

El espectro desapareció tan rápido como había llegado, pero,quedó marcado a fuego en mi,y el cajoncito de la memoria, que guarda ese recuerdo, está siempre abierto, y de él asoma la cara seria y muda, de aquel hombre que me observa.

Era tal el miedo a la varita de membrillo, que a pesar de los bellos amaneceres, mi imaginación, distorsionaba imágines y situaciones; y las siluetas conocidas, deambulaban convertidas en diversos terrores nocturnos.

 Aunque su definición haya llegado con el psicoanálisis, el chantaje sicológico, que es viejo como el mundo, fué usado por mi madre, con un éxito tan rotundo, que avanzando en las tinieblas del tiempo, me acompaña,y  lo hará, hasta el postrero.

¡Pobre árbol calumniado!

Según la creencia popular, el árbol de membrillo, tiene muchas particularidades, virtudes y defectos; pero,hay una muy conocida, y no es precisamente, la del dulce o la mermelada : se dice que la vara verde de membrillo, es la que “duele más”.

En aquellos tiempos idos, en que los correctivos eran severos y a veces,hasta crueles, el miedo al castigo, muchas veces hacía pensar antes de desobedecer, pero otras, valía la pena el riesgo.

“¿Será cierto que duele tanto”?-me preguntaba-

Recuerdo a mi madre con su vestido “a media pierna”y un pañuelo en la cabeza, secándose las manos en un repasador,decirme imperiosa :

__ ¡Ya vas a ver! ¡Esperá un poquito que voy a buscar una varita de membrillo!

¿Esperar? Yo era desobediente, no estúpida.

¿Esperar que vaya hasta el fondo del terreno y vuelva a pegarme?

Desde que tengo conciencia, la oigo decir :

__ ¡La varita de membrillo, es lo mejor!

__ ¡Solo un “varazo”es suficiente –corroboraba mi abuela –

Por suerte, (¡¡Gracias abuelo!!) el terreno era grande, y más largo que ancho; y la sombra fresca de los frutales, en verano, o el viento gélido del invierno, disipaban su enojo. Y cuando mi madre volvía a entrar, vara en mano, al no verme, la vara quedaba olvidada sobre la mesa, y yo me encargaba de hacerla desaparecer rápidamente.

En mi recuerdo, el árbol de membrillo no conoce estaciones.

No sé como eran sus hojas,...tampoco sé, como duelen sus ramas.

 

 

Exclusivo para elecciones

 Pablo lió un cigarro,lo encendió,aspiró y pensó en mañana.Día de elecciones.

Hace cuatro elecciones que Pablo va a votar con El Chiche.

Con El Chiche y su camión.

¿Viste que los días de elecciones son distintos?

Tratando de no caer en la retórica,ni hurgar mucho en lo abstracto:es como si los espíritus errantes de los caudillos ancestrales,emergieran enrareciendo el aire,y crearan una atmósfera expectante y ansiosa,donde cada Oriental,siente que pone el corazón en las manos,invistiéndose de poder.El poder único,ilimitado, paradójico y real de ejercer la “demo-cracia”.

Este clima corre por las calles;trepa por árboles,columnas y edificios;se desliza dentro utilizando puertas,ventanas y chimeneas.

El barrio,escupe propaganda política en cada esquina,y hasta los niños,desde su inocencia toman partido por algún candidato.

Pablo,como todo su entorno,se siente distinto hoy,un “poco raro”y sobre todo,ansioso.

Sus tres décadas bohemias y juguetonas,parecen abandonarlo,y aflora el varón de antaño que le legaron sus mayores;serio,circunspecto,cargado del machismo característico de los albores de la república,cuando votar era un ritual donde no había lugar para la mujer,suegra o especies análogas.

Por eso las llevó muy temprano.Las acompañó solícito,pero,un poco impaciente,a cada lugar donde les correspondía votar.

Cuando hubo cumplido con todos,controló mecánica e innecesariamente dentro de su inseparable morral;palpó los bolsillos de su pantalón nuevo,para ver si llevaba la credencial.Todo en orden.

Disimulando su impaciencia,armó un cigarro.

Sentado,con la espalda encorvada,los codos apoyados en las rodillas y los dedos liándo con experiencia,era la prueba feaciente,de que el gaucho oriental,que galopaba maloneando cerros,no desapareció,sino que vive en pequeños apartamentos,en pequeñas casas,en pequeños sueños,donde descansan sus raíces olvidadas entre la cibernética y las urgencias de la vida moderna.

Con mate y termo en mano,le dió un beso a su mujer en la frente y partió.

Antes de abrir la puerta,se giró para mirarla,respiró profundo y dijo grave,casi solemnemente:

- Me voy a votar.

Y allá va el Pablo,resuelto, pisando fuerte.

Convencido de que esto es “cosa de hombres”,y que el “hombre”,debe ir a votar solo,o con otros hombres,para evidenciar la magnitud del acto que lleva a cabo.

Frente al taller lo espera su compañero.

El Chiche.

El viejo del barrio.Personaje pintoresco.

También se puede decir:viejo y pintoresco como el barrio;o tal vez:pintoresco viejo,personaje del barrio.No importa,han crecido juntos.

El viejo y el barrio;y fueron enmarañando raíces al compás de la caída de los eucaliptus del Campo Español,que dieron su vida,para que surgiera la Villa.

El taller era el centro del barrio.Todos se encontraban ahí para cantar las buenas nuevas y llorar las malas.Pasado de generación en generación,la tradicción dictaba,que ese punto de encuentro,fuera escencial para la comunicación y/o entendimiento(discusiones o no mediante)de los vecinos.

El Chiche creció en el taller,como su padre y como su abuelo.

Era un “vago”simpático y cordial.No en el sentido etimológico de la palabra,sino en el mejor sentido de alegre compañerismo.

Era el líder de la barra,y envejeció líder,casi sin darse cuenta.Y tal vez por eso,aún sigue siendo”de la barra”,de todas las barras.De las de entonces,de las que vinieron después y de las de ahora.

Tiene 3 camiones ,el Chiche.

Alineados dentro del taller,pero,”el camión”,es: “su camión”.

Chevrolet del ’58.

Su añejo motor funciona aún,estimulado por los extremos cuidados que le prodiga su dueño,pero,en realidad,ese cansado corazón de hierro pistonea el ocaso de sus postreros días.

El hombre siente galopar por su cuerpo un extraño cosquilleo,sus terminales nerviosas,pugnan por salir piel afuera.Son sentires que solo lo ganan los días que debe sacar “su camión” al mundo.La noche que precede al evento no puede conciliar el sueño.

Amanece felíz,exitado,eufórico.

Ahora,espera impaciente la llegada de su amigo.El camión sigue dentro,no lo saca hasta último momento,porque el polvo empaña facilmente el niquelado.

Su principal preocupación es:un perfecto aspecto,...y que funcione.

Todo el barrio sabe,que hoy es el día que el viejo,saca a la calle su camión.

Todo debe salir bien.Por el prestigio de los dos.

Al fin ve acercarse a Pablo,y al mismo tiempo,a un vecino que le pide ir con ambos.

Se miran sin saber que decirse,después de un momento,el Chiche ceremoniosa- mente,marcando cada movimiento,como siguiendo un rito,solemnemente abre de par en par las puertas del taller,y enseguida se pierde en su interior.

No tarda en llegar hasta la calle un alagre ronrroneo que avanza.

Emerge desde la profundidad,la trompa enorme,brillante de azul y níquel. Magnífica,imponente,orgullosa y felíz,como el Chiche,que desciende henchido y eufórico,cerrando cuidadosamente la puerta.Le dá dos o tres palmaditas en el capó y le llega la sonrrisa metálica y el guiño del señalero.

Con parsimonia,sin emitir palabra,pero,tácitamente de acuerdo,los tres hombres arman sendos cigarros.

Al subir al camión lo hacen rápido,orillando el miedo,de que en algún momento,este se olvide de ronrronear.

Y parten.Felices los cuatro.

Al regreso,los acompañantes,previo agradecimiento por el honor,descienden a la entrada del taller; el Chiche y su camión desaparecen en su interior.

--¡ Muy bien,mi amigo,misión cumplida!-le dice a la máquina-

Y como para despuntar el vicio,empieza a pulirlo,mientras agrega:

--Bueno,ahora tranquilo,que despacito,empezamos a prepararnos para la próxima elección.

 

Las mañanitas de la Rambla tienen ese”que sé yo”.
Encontré, mi camino. Lo encontré muy lejos, donde me llevò la vida, por circunstancias inesperadas; como tantos, debi dejar mis quereres... (a los cincuenta y tantos, no es fàcil). Felizmente casada: Tristemente exilada.
Nunca me abitué a caminar entre las colinas del Piemonte, ni por las desiertas calles mañaneras de los veranos de Milàn.
¿Quantos kilòmetros,tiene “el paseo de la Rambla? Para mi tenia: 15.
Era la meta que me habia fijado, pero que jamàs alcancé, porque no queria perder el encanto, cansàndome: el aire fresco en el rostro, el ritmo sostenido de la caminata. A la derecha: el mar, a la izquierda, las distintas caras de Montevideo: la escollera Sarandi, Barrio Sur, Palermo, Punta Carretas, Pocitos…Me gustaba espiar la expresiòn de cada caminante; las de todos los dias, las nuevas, alegres, preocupadas, indiferentes, nerviosas…
Esta era “mi Rambla”, la de los madrugadores, pero hay muchas; los que la conocen saben de que hablo; la de los atardeceres, mate, parejas y estudiantes; la de los fines de semana, que a lo ya nombrado se suman : chicos, bicis, patines, perros, jòvenes, familias, chicos, bicis, gatos, abuelos, chicos, bicis…
Por eso siempre me gustò la mañana. La concurrencia es tranquilla, puedo dejar volar mi pensamiento por el rumbo que él elija. En cambio a mi hija le gusta” bajar hasta la Rambla a tomar mate”con amigas y el gato, atado de una cinta (“porque el pobrecito, tambièn merece salir”); mi nieto adolescente, los sàbados en fija: excursiòn con un amigo, hasta donde tengan ganas de caminar; cuando era màs chico, su encanto era tirarse de la “montaña" del Teatro de Verano.
Podria señalar los mil y un motivos, de los adictos a la Rambla y otras tantas historias de los que viven lejos y alguna vez se lanzan en aventura hasta ella, y están también los que se lamentan, porque siempre les pasa algo y no pueden ir…
Y yo ahora, estoy aqui, varada entre colinas y montañas, esperando que el mismo destino que me trajo, me lleve cada año a despuntar mi nostalgia.

EL NACIMIENTO DEL POEMA

El placer de escribir una poesía,
es poder rescatar del intelecto,
sentimientos, quimeras y utopías,
elaborando armonía, en el trayecto.


Dibujando voy, con imágenes sentidas,
sin respetar espacios, rimas, ni palabras;
poema que va surgiendo a la vida,
perseverante afición, que mi alma labra.

Van pariendo versos,mis ilusiones,
enajenados, de anhelada libertad,
henchidos sus líricos pulmones,
expeliendo al mundo,su verdad.

Y yo los dejo que fluyan,
como quieran, descarados,
retozan, bailan y cantan,
alegre tropel, que avanza,desordenado.

La poesía va surgiendo, lentamente,
sin querer, como si nada;
desde el espacio infinito de mi mente,

se insinúa,s e bosqueja,extasiada.

Se desliza suavemente,por mis venas,
me recorre, buscando la armonía,
componiendo paso a paso la cadena,
para que afloren penas y alegrías.

En el instante sublime, me presenta,
caracteres vacilantes y dolidos,
con rimas forzadas, me sustenta,
soportando al númen que he elegido.

Hasta que el grito vital, que me extremece,
en destello arrogante y colorido,
me llega,me convence y aparece:
anunciando al poema que ha nacido

 

 


 

 

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